Publicado hace 3 semanas

Contra la muerte

Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver, ¡no puedo!, ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír,
a diestra y siniestra, con tal de prosperar en mi negocio.

No tengo otro negocio, que estar aquí diciendo la verdad,
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.

¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito,
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?

Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo,
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento allá abajo.

No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones,
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto,
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.

Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, pero no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.

Gonzalo Rojas Pizarro

Publicado hace 1 mes
Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Deseando morir - Anne Sexton
Publicado hace 1 mes

El suicidio de Evelyn McHale.

gimnasiodearte:

Por: M. J. Soberanes.

Era el 1 de Mayo de 1947, aproximadamente a las 10:40 de la mañana, el policía de tránsito John Morrissey notó el gracioso vuelo de una bufanda flotando desde los pisos superiores del Empire State. Un momento después, escuchó el golpe de una caída que sonó como una…

Publicado hace 1 mes
Por la calle veo a gente que me dobla la edad haciendo su vida de una forma tan enérgica que casi me parece irreal. La señora paseando a su perro o los hombres riendo a carcajadas en la puerta del bar, a esta hora temprana de la tarde cuando yo me siento exhausto y llegar a casa me parece una tarea poco menos que inalcanzable, todo eso parece formar parte de una película en la que nadie ha pensado un papel para mí. Si se trata de adolescentes o de niños la sensación es distinta, como de añoranza o pérdida, pero igualmente triste. ¿Tengo mi edad o habré envejecido prematuramente? Está todo en la mente, me dicen, todo, pero no es sino ella la que constata a cada segundo la insoportable certeza de mi cuerpo. Ahora y para siempre, la felicidad ha dejado de ser una quimera y la infelicidad se erige en única realidad posible para mí.
Publicado hace 1 mes
El cielo rompió en lágrimas, se acomodó el terror; sobrevino una negrura tal, como si muriera el sol…
Mark Spitz - N.V.
Publicado hace 2 meses
Publicado hace 2 meses
Publicado hace 2 meses
Publicado hace 2 meses
Contemplando la tierra, el aire y el cielo, me vino el doloroso e irremisible pensamiento de que era un pobre prisionero entre el cielo y la tierra, que todos los humanos éramos, de este modo, míseros prisioneros, que sólo había para todos un tenebroso camino, hacia el hoyo, hacia la tierra, que no había otro camino al otro mundo más que el que pasaba por la tumba. Así pues todo, todo, toda esta rica vida, los amables y sentenciosos colores, este encanto, esta alegría y este placer de vivir, todas estas humanas importancias, familia, amigo y amante, esta clara y tierna luz llena de bellas y divinas imágenes, las casas paternas y maternas y los dulces y suaves caminos perecerán un día, y morirán el alto sol, la luna, los corazones y los ojos de los hombres. […] ¿Recogía flores para depositarlas sobre mi desdicha?, me pregunté, y el ramo cayó de mis manos. Me había levantado para irme a casa, porque ya era tarde y todo estaba oscuro
Robert Walser
Publicado hace 3 meses
Últimamente proliferan en mí estos pequeños dolores, sin
previo aviso, sin posibilidad de explicarlos por las
particularidades de un modo de vida, es decir, no como
consecuencia de ciertos movimientos provocados por una
confianza irresponsable y temeraria que no se corresponden o
que, según algunos, no se corresponden con mi edad, o sea, no
por una causa más o menos comprensible, sino como un regalo
podrido del cielo, sin fundamento ni finalidad, y ni siquiera
puedo afirmar que sea con la intención de proclamar la
fragilidad del universo; los dolores, demasiado pequeños para
ello, demasiado insignificantes, no proclaman nada, no mana la
sangre, ni se fractura un hueso, ni se desgarra un músculo, ni
se hincha nada que pueda hincharse, lo máximo que puede
extraerse de todo este mal es un difuso aviso…
Péter Esterházy